Mindfulness para personas normales: por qué nos cuesta tanto vivir el presente
Existe algo curioso en los seres humanos.
Pasamos gran parte de nuestra vida esperando que llegue otro momento.
Esperamos que llegue el fin de semana.
Esperamos las vacaciones.
Esperamos terminar un proyecto.
Esperamos que los niños crezcan.
Esperamos sentirnos mejor.
Esperamos tener más tiempo.
Esperamos ser más felices.
Y mientras esperamos, la vida sigue ocurriendo delante de nosotros.
La semana pasada os hablaba de Maui, nuestro perro, y de cómo es capaz de vivir el presente de una forma que a veces parece imposible para nosotros.
Él no está pensando en la reunión de mañana.
No revisa mentalmente una conversación que tuvo hace tres días.
No se preocupa por lo que ocurrirá dentro de seis meses.
Simplemente está donde está.
Y precisamente por eso me parece un gran maestro de mindfulness.
Pero... ¿Qué es realmente el mindfulness?
Durante los últimos años se ha hablado muchísimo sobre mindfulness.
Para algunas personas es una técnica.
Para otras una moda.
Y para otras simplemente una palabra que escuchan constantemente pero que no terminan de comprender.
Sin embargo, el mindfulness es algo mucho más sencillo de lo que parece.
Podríamos definirlo como la capacidad de prestar atención al momento presente de manera consciente, sin juzgar lo que está ocurriendo.
Dicho de otra manera:
Estar donde estás.
Mientras haces lo que estás haciendo.
Parece fácil.
Pero todos sabemos que no lo es.
El problema no es tu mente
Muchas personas se frustran cuando intentan practicar mindfulness.
Me dicen:
"Carmen, lo he intentado, pero no puedo dejar de pensar."
Y siempre les respondo lo mismo.
La mente está diseñada para pensar.
Ese es su trabajo.
No estamos intentando apagar nuestros pensamientos.
No estamos intentando dejar la mente en blanco.
Estamos aprendiendo a dirigir nuestra atención.
Es algo muy diferente.
Porque el problema no es que aparezcan pensamientos.
El problema es que solemos vivir atrapados en ellos.
Vivimos entre el pasado y el futuro
Si observas tus pensamientos durante unos minutos descubrirás algo interesante.
Muchos de ellos viajan al pasado:
- Lo que debería haber dicho.
- Lo que hice mal.
- Lo que tendría que haber hecho de otra manera.
Y otros muchos viajan al futuro:
- ¿Y si sale mal?
- ¿Y si no soy capaz?
- ¿Y si ocurre algo inesperado?
Mientras tanto, el presente apenas recibe atención.
Y es curioso porque el presente es el único lugar donde realmente ocurre la vida.
La paradoja de nuestra época
Vivimos en una sociedad que nos ofrece más herramientas que nunca para ahorrar tiempo.
Sin embargo, muchas personas sienten que tienen menos tiempo que nunca.
Tenemos aplicaciones para organizarnos.
Recordatorios.
Calendarios.
Inteligencia artificial.
Automatizaciones.
Y aun así seguimos sintiéndonos acelerados.
¿Por qué?
Porque muchas veces el problema no es la cantidad de tareas.
Es la cantidad de atención dispersa.
Estamos desayunando mientras pensamos en el trabajo.
Trabajamos mientras pensamos en las vacaciones.
Vemos una película mientras revisamos el móvil.
Hablamos con alguien mientras pensamos en la siguiente conversación.
Nuestro cuerpo está en un lugar y nuestra mente en otro.
Maui y la pelota
Hay una escena que se repite mucho en casa.
Lanzamos una pelota a Maui.
En ese instante desaparece todo lo demás.
No existe el pasado.
No existe el futuro.
No existe absolutamente nada más.
Solo existe la pelota.
La atención es completa.
Total.
Plena.
Y aunque los seres humanos somos mucho más complejos, quizá podamos aprender algo de esa capacidad.
No se trata de vivir como un perro.
Se trata de recordar que nuestra atención es uno de los recursos más valiosos que tenemos.
Y que la calidad de nuestra vida depende, en gran medida, de dónde decidimos colocarla.
Un pequeño ejercicio
Quiero proponerte algo muy sencillo.
Cuando termines de leer este artículo no hagas nada especial.
No te sientes a meditar.
No pongas música relajante.
No cambies tu rutina.
Simplemente elige una actividad cotidiana.
Puede ser preparar un café.
Ducharte.
Pasear.
Lavar los platos.
Y durante dos minutos presta atención únicamente a eso.
A los sonidos.
A las sensaciones.
A los movimientos.
A los olores.
A lo que está ocurriendo en ese instante.
Si tu mente se distrae, no pasa nada.
Vuelve.
Una vez.
Y otra.
Y otra más.
Eso también es mindfulness.
La práctica más importante
Con frecuencia creemos que para sentirnos mejor necesitamos hacer más cosas.
Más cursos.
Más libros.
Más productividad.
Más objetivos.
Sin embargo, muchas veces el cambio comienza haciendo exactamente lo contrario.
Parando.
Respirando.
Observando.
Estando presentes durante unos minutos.
Porque quizá la paz que estamos buscando no se encuentre en el próximo logro.
Quizá esté escondida en este preciso momento.
Y lo único que necesitamos es aprender a prestarle atención.
Reflexión para esta semana
La próxima vez que veas a una mascota descansando al sol, observando una hoja que cae o disfrutando de un simple paseo, pregúntate:
¿Hace cuánto que yo no estoy tan presente en mi propia vida?
Tal vez la respuesta sea el comienzo de algo importante.
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Respira. Observa. Escúchate. La vida está ocurriendo ahora. ✨
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