Lo que veo cada día como psicóloga: cuando la ansiedad se disfraza de normalidad



Después de leer el relato que compartimos la semana pasada, muchas personas podrían pensar que la ansiedad aparece de repente. Como si un día estuviéramos perfectamente y al siguiente nos encontráramos en un centro de salud sin entender qué está ocurriendo.

Sin embargo, desde mi experiencia profesional, la realidad suele ser muy diferente.

Como psicóloga, veo situaciones similares cada semana en consulta.

Personas que llegan por contracturas constantes, palpitaciones, insomnio, agotamiento físico, problemas digestivos, irritabilidad o una sensación permanente de estar desbordadas. En muchas ocasiones, hasta que los síntomas se vuelven imposibles de ignorar, no llegan a relacionarlos con la ansiedad.

Hace unos meses publiqué un vídeo en redes sociales hablando precisamente de esas pequeñas señales que suelen pasar desapercibidas. Señales que nuestro cuerpo nos envía mucho antes de que aparezca una crisis de ansiedad. Lo puedes ver aqui.

Lo curioso fue comprobar cómo muchas personas me escribieron diciendo:

"Sabía lo que era un ataque de ansiedad, pero no sabía que todo lo demás también podía ser ansiedad."

Y eso es precisamente lo que me llevó a profundizar en este tema.

La experiencia que compartimos en el artículo anterior, unida a todo lo que observo cada día en consulta, refuerza algo que considero fundamental: la importancia de tomar conciencia de lo que nos está ocurriendo.

Porque mi trabajo no consiste únicamente en aliviar el malestar.

Mi objetivo es transformar consciencia en bienestar.

Y para conseguirlo, primero necesitamos atrevernos a mirar aquello que nos está pasando.

Vivimos en una sociedad que siempre nos pide más

Cada día recibimos mensajes que nos empujan a rendir más, producir más, conseguir más y convertirnos en una mejor versión de nosotros mismos.

Y aunque crecer sea algo positivo, existe una pregunta que pocas veces nos detenemos a hacernos:

¿Estoy persiguiendo una expectativa realista o una exigencia imposible de alcanzar?

Muchas veces la ansiedad nace precisamente en esa distancia entre lo que somos y lo que creemos que deberíamos ser.

Cuando nada parece suficiente

Recuerdo el caso de una persona que acudió a consulta porque quería mejorar sus resultados profesionales.

Su objetivo inicial era vender más.

Cuando analizamos juntos sus números, sus métricas y sus resultados, descubrimos que ocupaba una posición excelente dentro de su sector. De hecho, sus resultados eran objetivamente muy buenos.

Sin embargo, seguía sintiéndose insuficiente.

La pregunta entonces cambió.

Ya no era:

"¿Cómo puedo vender más?"

La nueva pregunta fue:

"¿Para qué necesito vender más?"

A medida que avanzamos en el proceso apareció una creencia muy profunda: no bastaba con hacer bien las cosas. Necesitaba reconocimiento constante para sentir que lo estaba haciendo bien.

Fue entonces cuando comenzamos a explorar qué significaba realmente el reconocimiento para esa persona.

Con el tiempo comprendió algo muy importante: llevaba años corriendo detrás de una imagen idealizada de éxito que nunca terminaba de alcanzar.

Y descubrió que querer mejorar era legítimo, pero que también podía reconocer el valor de todo lo que ya había conseguido.

Cuando la inseguridad se construye poco a poco

Otra persona llegó a consulta después de haber cambiado de país.

Trabajaba, estudiaba y se relacionaba en un idioma que no era su lengua materna.

Objetivamente se comunicaba bien. Era capaz de desempeñar sus funciones y transmitir sus ideas con claridad.

Sin embargo, había recibido tantas correcciones por parte de personas cercanas que comenzó a desarrollar una fuerte inseguridad.

Cada conversación se convertía en una prueba.

Cada reunión era motivo de preocupación.

Cada error parecía confirmar que no era suficientemente buena.

A lo largo de las sesiones trabajamos la diferencia entre realidad y percepción.

Poco a poco pudo comprobar que sus miedos no estaban reflejando la realidad de lo que ocurría.

La ansiedad había construido una historia que no coincidía con los hechos.

Y cuando fue capaz de verlo, apareció algo maravilloso: la tranquilidad.

Cuando sentimos que no llegamos a todo

También recuerdo a una persona convencida de que no tenía tiempo para nada.

Vivía acelerada desde que se levantaba hasta que se acostaba.

Sentía que el día nunca era suficiente.

Lo primero que hicimos fue algo muy sencillo: observar.

Anotamos todas las actividades que realizaba y el tiempo que dedicaba a cada una de ellas.

Lo que descubrió fue revelador.

No era únicamente una cuestión de falta de tiempo.

Era una combinación de exigencia, perfeccionismo, dificultad para priorizar y necesidad de control.

Y aquí aparece una de las señales más frecuentes de ansiedad que observo en consulta.

Muchas personas comienzan a intentar controlarlo todo.

Necesitan saber qué ocurrirá mañana, la semana siguiente o dentro de varios meses.

Quieren anticiparse a cualquier problema.

Buscan seguridad absoluta.

Pero cuanto más intentan controlarlo todo, más ansiedad experimentan.

Porque la vida, simplemente, no puede controlarse por completo.

El primer paso siempre es tomar conciencia

Después de aquel vídeo sobre ansiedad, recibí numerosos mensajes de personas que se reconocieron por primera vez en algunas de esas señales.

No se identificaban con los ataques de ansiedad.

Pero sí con la necesidad constante de controlar.

Con la irritabilidad.

Con la dificultad para descansar.

Con el agotamiento mental.

Con la sensación de estar permanentemente alerta.

Y ese reconocimiento fue el inicio del cambio.

Porque no podemos transformar aquello que no vemos.

La conciencia es el primer paso hacia el bienestar.

Pedir ayuda es un acto de responsabilidad

A veces utilizo una reflexión muy sencilla.

Cuando una persona tiene un problema que no consigue resolver sola, lo más inteligente no es seguir intentándolo indefinidamente sin éxito.

Lo más inteligente es buscar apoyo.

Sucede con la ansiedad.

Sucede con la depresión.

Sucede con las adicciones.

Sucede con muchas dificultades emocionales.

Nadie nace sabiendo cómo gestionar todas las situaciones que la vida le presenta.

Por eso existen profesionales especializados.

Personas formadas para acompañarnos, orientarnos y ayudarnos a encontrar herramientas que nos permitan recuperar nuestro equilibrio.

He crecido profesionalmente con una convicción muy clara:

Cada persona es responsable de su proceso de cambio.

Pero no tiene por qué recorrerlo sola.

Pedir ayuda no es una señal de debilidad.

Es una muestra de valentía, madurez y compromiso con uno mismo.

Una reflexión para terminar

La mayoría de las personas que llegan a consulta no son personas débiles.

Son personas fuertes que han aguantado demasiado tiempo.

Personas que han seguido adelante mientras ignoraban las señales.

Personas que aprendieron a cuidar de todos menos de sí mismas.

Por eso quiero invitarte a hacerte una pregunta:

¿Qué señales te está enviando tu cuerpo que quizá llevas demasiado tiempo ignorando?

Porque escuchar esas señales puede ser el primer paso para recuperar tu bienestar.

Y porque, como veremos en el próximo artículo de esta serie, la ciencia también tiene mucho que decir sobre por qué la ansiedad afecta tanto a nuestro cuerpo y qué podemos hacer para recuperarnos.

🌿 Despierta en Ti

Si esta serie te ha ayudado a comprender mejor la ansiedad y a reconocer señales que quizá llevabas tiempo ignorando, me encantaría seguir acompañándote.

📲 En la aplicación Despierta en Ti encontrarás recursos prácticos, herramientas de bienestar emocional y contenido exclusivo para ayudarte a cuidarte con más consciencia.

💚 Y en nuestro Canal de WhatsApp compartimos reflexiones, ejercicios y mensajes semanales para que no tengas que recorrer este camino sola.

Respira. Escúchate. Cuídate. Despierta en Ti. ✨

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