¿Cómo saber si estás viviendo en piloto automático?



 Hay una pregunta que me gusta hacer en consulta:

¿Recuerdas qué desayunaste hace tres días?

La mayoría de las personas sonríen y responden que no.

Y no pasa nada.

Lo interesante viene después.

Entonces pregunto:

¿Recuerdas cómo te sentiste durante ese desayuno?

Aquí suele aparecer el silencio.

Porque muchas veces no solo hemos olvidado lo que comimos.

Tampoco sabemos cómo estábamos.

Y esa es una de las señales más frecuentes de que estamos viviendo en piloto automático.

¿Qué significa vivir en piloto automático?

Vivir en piloto automático no significa estar haciendo algo mal.

De hecho, el cerebro utiliza este mecanismo para ahorrar energía.

Gracias a él podemos conducir rutas conocidas, cepillarnos los dientes o realizar muchas tareas cotidianas sin necesidad de analizarlas paso a paso.

El problema aparece cuando esa forma de funcionamiento deja de ser algo puntual y se convierte en nuestra forma habitual de vivir.

Entonces los días pasan.

Las semanas pasan.

Los meses pasan.

Y sentimos que hemos estado presentes físicamente, pero ausentes emocionalmente.

Señales de que podrías estar viviendo en piloto automático

Quizá te identifiques con alguna de estas situaciones:

  • Comes mientras miras el móvil.
  • Terminas una serie y no recuerdas gran parte del capítulo.
  • Llegas a tu destino conduciendo sin recordar parte del trayecto.
  • Pasas el día ocupada, pero no sabes exactamente en qué.
  • Te cuesta reconocer cómo te sientes.
  • Pasan semanas sin preguntarte qué necesitas realmente.
  • Sientes que el tiempo corre cada vez más deprisa.

Si te reconoces en varias de estas situaciones, no significa que tengas un problema.

Significa que probablemente necesitas volver a conectar contigo misma.

La consciencia: el verdadero punto de partida

A menudo pensamos que el cambio comienza cuando hacemos algo diferente.

Pero en realidad el cambio suele comenzar mucho antes.

Empieza cuando tomamos conciencia.

Porque no podemos cambiar aquello que no vemos.

No podemos gestionar una emoción que no identificamos.

No podemos atender una necesidad que desconocemos.

No podemos reducir un nivel de estrés que ni siquiera somos capaces de reconocer.

Por eso la consciencia es uno de los pilares fundamentales del bienestar psicológico.

Y también uno de los motivos por los que el mindfulness ha despertado tanto interés en los últimos años.

Lo que dice la ciencia sobre la atención plena

Cuando hablamos de mindfulness, algunas personas piensan que estamos hablando únicamente de una filosofía de vida.

Sin embargo, durante las últimas décadas se ha investigado ampliamente desde la psicología y la neurociencia.

Una de las definiciones más conocidas es la propuesta por el profesor Jon Kabat-Zinn, considerado uno de los principales impulsores del mindfulness aplicado a la salud, quien lo describe como la capacidad de prestar atención de manera intencional al momento presente y sin juzgar la experiencia.

Numerosos estudios han encontrado que los programas basados en mindfulness pueden ayudar a reducir el estrés percibido, mejorar la regulación emocional y disminuir síntomas de ansiedad en muchas personas cuando se practican de manera consistente.

Pero hay algo que me parece aún más interesante.

La ciencia no nos está diciendo que debamos dejar de pensar.

Nos está enseñando que podemos entrenar nuestra capacidad de observar.

Y esto cambia por completo la relación que mantenemos con nuestras emociones.

Un ejemplo sencillo

Imagina dos personas que reciben exactamente el mismo correo electrónico en el trabajo.

La primera lo lee rápidamente.

Interpreta una frase como una crítica.

Se enfada.

Se preocupa.

Empieza a imaginar conversaciones futuras.

Dedica varias horas del día a darle vueltas.

La segunda persona también siente preocupación al leerlo.

Pero se da cuenta de ello.

Observa lo que está sintiendo.

Respira.

Relee el mensaje unas horas después.

Y descubre que gran parte de la interpretación inicial estaba basada en una suposición.

La diferencia no está en el correo.

La diferencia está en el nivel de consciencia.

Lo que observo en consulta

Con frecuencia las personas llegan pensando que necesitan aprender a controlar sus emociones.

Sin embargo, muchas veces el primer trabajo consiste simplemente en aprender a reconocerlas.

Porque es muy difícil gestionar algo que ni siquiera sabemos nombrar.

Cuando una persona comienza a prestar atención a sus pensamientos, a sus emociones y a las señales de su cuerpo, empiezan a ocurrir cosas interesantes.

Se da cuenta de que lleva semanas cansada.

De que está más irritable de lo habitual.

De que duerme peor.

De que aprieta la mandíbula.

De que vive acelerada.

De que necesita descansar.

Y ese momento de consciencia suele marcar el inicio de grandes cambios.

El riesgo de vivir desconectados

Muchas veces pensamos que el sufrimiento emocional aparece de forma repentina.

Pero no suele ser así.

La mayoría de las veces el cuerpo avisa.

La mente avisa.

Las emociones avisan.

Y nosotros seguimos adelante.

Porque tenemos trabajo.

Porque tenemos responsabilidades.

Porque no es buen momento para parar.

Porque creemos que podemos con todo.

Hasta que un día ya no podemos.

Por eso la atención plena no es únicamente una herramienta para sentirse más relajado.

Es una forma de escucharnos antes de llegar al límite.

Una pequeña práctica para hoy

Antes de seguir con tu día, quiero proponerte algo.

Detente durante treinta segundos.

Solo treinta, para, detente.

Y pregúntate:

¿Cómo estoy ahora mismo?

No cómo deberías estar.

No cómo estabas esta mañana.

No cómo estarás mañana.

¿Cómo estás ahora?

Quizá esa pregunta parezca sencilla.

Pero puede convertirse en el inicio de una relación completamente diferente contigo misma.

Una reflexión para terminar

Vivimos en una época que nos enseña constantemente a mirar hacia afuera.

Las redes sociales.

Las noticias.

Las preocupaciones.

Las obligaciones.

Todo compite por nuestra atención.

Y, sin embargo, las respuestas más importantes suelen encontrarse hacia dentro.

Por eso me gusta recordar algo que repito muchas veces en consulta:

La consciencia no elimina los problemas, pero nos permite verlos antes de que se conviertan en crisis.

Y quizá esa sea una de las habilidades más importantes que podemos desarrollar para cuidar nuestro bienestar emocional.

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Porque el bienestar no comienza cuando cambias tu vida. Comienza cuando empiezas a prestarle atención. 

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